La política de la trilateralidad en el tratamiento de las aspiraciones bolivianas es un ejercicio que bien vale la pena realizar en pleno siglo XXI, no solamente porque un Tratado la consagra sino también porque, si es cierto que a la comunidad internacional interesa la solución de este problema, el papel de supuesto mal vecino no puede seguir siendo interpretado solo por Chile.
Seguramente nuestra cancillería debe aplaudir su coincidencia con recientes afirmaciones de autoridades peruanas en el sentido que la demanda de Bolivia contra Chile ante la Corte de la Haya es un asunto bilateral entre estos dos países.
Esa ha sido la postura tradicional: Chile no tiene asuntos territoriales pendientes con Bolivia porque todos se zanjaron a través de tratados suscritos hace más de un siglo; y como país respetuoso del derecho internacional no hacemos más que atenernos a él: lo pactado obliga, pacta sunt servanda.



